27. ene., 2017

Texto

EL INDIVIDUALISMO

 Seguimos muy cerca de la SOLEDAD, esa que nos servía en nuestra entrada de ayer, puesto que que es ese INDIVIDUALISMO el que más favorece el que vivamos prisioneros de la soledad.

Ocurre que, en el mundo que vivimos, en ese escenario, existen dos variables que nos marcan como ninguna otra cosa para que interpretemos el papel que nos toca o que elegimos, según los casos (y no creo en el determinismo): EL TIEMPO y LOS DEMÁS.

Y la cuestión es que no vivimos (no interpretamos la vida) de acuerdo con ellas, por lo que ambas variables nos arroyan sin que sepamos defendernos de ellas.

El TIEMPO nos hace o nos tendría que hacer más expertos, pero, mientras no nos aprieta en nuestra independencia, ni nos preocupa y llegamos a un nivel en el que solo tenemos más grande la necesidad afectiva (o sentimental, según algunas otras visiones), a la vez que aumenta nuestra dependencia y nos ahoga la soledad, la falta de libertad y el silencio.

LOS DEMÁS viven bajo el criterio de INDEPENDENCIA (yo, mi, me, conmigo y para mi), de tal manera que ya nadie necesita de OTROS para ser feliz, excepto de su ego. El afecto y el sentimiento es algo individual, intransferible y nadie está dispuesto a entregar algo de su individualidad para compartirla con una parte de la de otra persona.

La INDIVIDUALIDAD (justificada por la felicidad y a comodidad) atraviesan las variables tiempo y relaciones. De ese modo ambas variables son vistas como “dependencia”, como impedimentos para vivir y ser felices.

Hemos complicado la vida porque nos hemos complicado nosotros y al final solo nos queda la soledad, que es la meta a la que lleva el individualismo (que no deja de ser una manifestación el egoísmo que adorna nuestra sociedad).