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4. feb., 2017

LOS DIGITALES

 Acaba de salir, al menos en formato digital, un libro curioso que me ha llamado poderosamente la atención, quizá porque ya su título se acercaba a alguna de mis posiciones. Se trata de la Obra de Lluna, S. y Pedreira, J. (2017): Los nativos digitales no existen. Cómo educar a tus hijos en un mundo digital. Edt. Deusto. Distribuido por Amazón (en mi caso).

He de confesar que no conozco a ninguno de los autores ni trabajo para ninguna editorial, vamos, que lo comento porque creo que es de interés el tema.

El interés viene del hecho de estar cansado de oír y ver cómo los papás y mamás y la familia toda, solos o en parejas, animan a los más tiernos infantes a utilizar herramientas digitales para demostrar que sus hijos son de lo más inteligentes, porque manejan todo como si lo hubieran aprendido en el viente de la madre. Y no es así, no han nacido con un gen “digital” dotado de toda la información necesaria para ser unos usuarios expertos en las tecnologías actuales.

Es cierto que al nacer se han encontrado con esas tecnologías (muchos de ellos al menos). Pero la “experticia” no se adquiere por los poros de la piel, por tener al lado una máquina. Claro que son capaces de aprender cosas instrumentales de esos cacharros, pero lo que logran hacer con ellos no es para echar cohetes ni para dar palmas con las orejas: saben trastear y jugar con ellos y como ese hecho es aplaudido por el entorno social, pues… miel sobre hojuelas. 

Sigo sin entender porqué los papás, mamás y demás familia se empeñan en regalar al niño todo este tipo de artilugios y, sobre todo, por qué se empeñan en el hecho de que el dominio de su uso o la adecuación de ese uso vienen pegados al cordón umbilical.

Los niños son niños. Manipulan, pero necesitan de asistencia, de guía, de asesoría, como para hablar o andar o jugar simplemente. En este caso, como en su  momento con la Televisión, el problema no está en los trastos y en sus efectos en los niños, sino en cómo son y cómo utilizan los niños esos trastos.

Como pueden comprobar, no tratamos de decir que se ha deprohibir el uso de los nuevos cacharros, sino de EDUCAR para ese nuevo mundo con las herramientas que se usan en ese nuevo contexto.

El uso de las tecnologías actuales requiere de un aprendizaje, de un seguimiento, no de una inmersión brusca y sorpresiva, porque, en caso contrario, la sorpresa va a ser de los progenitores.