14. feb., 2017

Texto

¿DÓNDE ESTAMOS?

Este pasado fin de semana ha habido dos Congresos políticos relevantes, el del PP y el de “Podemos” y afines. Se merecen un comentario, ya que no alcanzamos a hacer un análisis profundo en ninguno de los dos casos, por falta de contenido y de información. De ambos solo sabemos lo que nos han querido mostrar, como es lógico. Era tema para afiliados creyentes.

Pero en política hay que tener mucho cuidado con lo que se dice. Pasa como en el fútbol, se pasa de héroe a villano de un partido para el otro. Perdón por el doble uso del término “Partido”. En política tendríamos que decir de una declaración o frase cogida al vuelo a otra.

Pero nos arriesgaremos. Primer resumen:

Los de Podemos querían resolver una guerra de poder, al más puro estilo de la VIEJA política (por más que se empeñe el Sr. Iglesias en lo contrario) sustentándose en algunas sutilezas ideológicas (más reposadas las del Sr. Errejón y más belicosas y populistas las del Sr. Iglesias). Ha habido política solo en el hecho de que la política es también (o siempre) la búsqueda de poder, las razones son lo de menos puesto que los “sometidos” (bien o mal, a gusto o a disgusto) somos siempre los mismos. 

En su conjunto Podemos representa (o eso intenta, por un camino radical ahora) a las generaciones que ni han vivido ni conocen la historia de este territorio ni de sus habitantes y creen que ellos serán los que limpien cualquier vestigio del pasado y darán el futuro más paradisíaco posible. Creen, y eso es malo, que España ha de iniciarse de nuevo en 1931 .-año arriba, año abajo-. Lo dejaremos ahí, sobre todo porque los efectos de la confrontación aún no se han visto.

El PP, junto al PSOE, ha pilotado este territorio desde que es constitucional, esto es, desde que se logró contar con unas reglas de juego convivencial pactadas y votadas por amplísima mayoría. En el último período de gobierno del PP se ha vivido una politización judicial peligrosa, se han alcanzado altas cotas de corrupción (policial y política) y se ha iniciado su corrección (a marcha lenta, es cierto, pero por cuestiones puramente judiciales) y se ha dejado campar a sus anchas el anhelo afectivo independentista de Cataluña. No ha tenido un tiempo tranquilo el PP ni tampoco favorable, pero… parece que los ciudadanos siguen contando con ellos como máximos valedores ante la situación que vivimos. Por ello su Congreso ha sido tranquilo, buscando solo la consolidación de sus estructuras. Esperamos que haya ganado fuerza para tomar decisiones (hasta ahora no las ha tenido) y que las alianzas le permitan llevar adelante el gobierno.

En ninguno de los dos casos se ha planteado una clara línea de futuro, así que habrá que esperar para continuar otras síntesis que hagan más comprensible toda la palabrería y teatro que a buen seguro nos ofrecerán. Hemos de esperar también a que el PSOE, resquebrajado aún por los efectos de la personalización política de P. Sánchez, cuente con un timonel y una “derrota” (entiéndase como ruta marina que podamos entender)