21. feb., 2017

Texto

TODO VALE

Debe ser que “todo vale”, que cualquier cosa que circule por la red  sea entendida como una verdad a creer y defender, que la propaganda, por exagerada o mundo irreal que represente, se convierta de pronto, por la magia de la imagen o del medio (la TV)  en verdad creíble y apetecible, que  el exceso de información nos haya reblandecido la sesera, que el sistema educativo haya alcanzado las profundidades de la nada más absoluta…, pero algo de eso debe haber para que hayamos dejado entrar en nuestras vidas la PSEUDOCIENCIA (normalmente un puñado de mentiras en manos de unos “listillos” y aprovechados) como algo normal.

Puede que sean los medios de comunicación, que, a fuerza de no tener nada que decir, ni de buscarlo, dejen que noticias de esas que pueden llamar la atención entren en sus rotativas sin revisar, sin pensar, sin contrastar, a ver si así venden un periódico más o son citados un par de veces.

Pero el caso es que los anuncios, muchos de ellos, sobre todo los de belleza o cuidado de la piel y de algunos órganos, se ofrecen como panaceas universales solo porque tienen un componente, sacado de una planta con poderes mágicos, por más que sea la planta la única verdad del mensaje. Pero regeneran la piel, nutren los huesos, arreglan los cartílagos, rejuvenecen, hacen crecer el pelo, evitan que salga, o lo que sea menester. Los hay que hacen la digestión por ti, que el colesterol quede en una broma para ignorantes… o que hasta el Alzheimer quede reducido a algo pasajero y sin consecuencias.

En la lucha de la verdad contra la mentira ha ganado la mentira. En la pugna entre la ciencia y y los mitos, han ganados los mitos. Algunos me dicen que es producto de la “postmodernidad”, pero si la falta de cultura es postmodernidad, a mi que me borren.

La mayoría de las cosas a las que nos referimos son, en el mejor de los casos, placebos sin maldad, pero también sin consecuencias, porque nada de lo que dicen ofrecer está CONTRASTADO.

Hemos llegado a un punto que hasta lo que nace del mundo científico puede tener más de ruido que de nueces. Recuerden los adelantos que iba a traer la clonación (hecho que se dio a conocer con una oveja hace 20 años) o el conocimiento de cualquier otra cosa. Esperamos, por otra parte, que eso que oímos o leemos esté a nuestra disposición MAÑANA, que todo tendrá remedio, tanto da si es por imposición de manos, por unas flores, unas hierbas o ciertas prácticas medievales.

Vivimos en la urgencia, en la velocidad, en la inmediatez… y eso debe ser lo que nos impide racionalizar y que asumamos que cualquier pretendida medida natural adornada de palabras (masajes de diversos tipos, relajaciones, homeopatías varias o cualquier otra cosa nos puede solucionar aquello que en ese momento nos agobia).

Hay que luchar por la ciencia, pero, a la vez, hay que separar de ella las soluciones gradielocuentes que esconden solo pseudociencia, pseudocociencia que empieza a llenar las estanterías de muchas farmacias.