4. mar., 2017

Texto

DIFÍCIL LO TENEMOS

 El trato con las personas y más aún con los jóvenes se está volviendo algo más enrevesado que las normas de protocolo de la corte de Versalles. Cualquier cosa, incluso dicha con la mejor intención, puede ser interpretada de cualquier manera y llevarte a vivir un calvario. 

Digo yo que quizá por eso los magrebíes la primera palabra que aprenden al llegar a España sea la de “racista”, porque saben que eso escuece y puede traer consecuencias. Pero bueno, ese es otro tema, por más que ser acusado de serlo sea considerado falta grave y llevarte el juzgado.

Si eso, además, es aplicado (aunque sea del modo más tangencial) a un menor, entonces… date por fastidiado. No hay defensa posible.Y no me refiero a insultar a alguien con ese apelativo, sino solo al hecho de decir algo de lo que pueda derivar que estás hablando de ese apelativo.

De este modo, sobre todo los profesionales que atienden a poblaciones “sensibles” (profesores incluidos, sin olvidar médicos, policías y otros) son tan comedidos con el lenguaje, hasta el punto de que, llegados ante el juez, sus informes no puedan ser tenidos en cuenta porque no reflejan nada. Parece que la población se ha sensibilizado tanto que un aleteo de una mariposa en el Tibet afecta a los catarros en Portugal (por ejemplo).

Antes he puesto un ejemplo aludiendo a los magrebíes, pero añadan escolares, grupos feministas y ahora animalistas, eso aparte de gitanos o cualquier otra minoría.

Todos quieren ser seres sobreportegidos o se consideran con derecho a ello, lo cual supone que todos prefieren mantener posturas infantilizadas. Recuerdo el hecho de una madre que denunció a una profesora porque había dicho a su hija: “pareces burra”. El hecho acaeció hace unos años y no pasó a mayores, pero hoy… tendría que pasar más barreras y mejor aceptar el veredicto de culpabilidad por insultar con el nombre de un animal y herirle en sus sentimientos.

De este modo la sociedad, en su conjunto y en muchas de sus partes, pareciera más un jardín de infancia, pero resulta que la vida no lo es.

El lenguaje políticamente correcto nos está llevando del oscurantismo (que siempre ha estado presente en la política) a la mayor de las ignorancias, pero, eso sí, vendida como la mejor de las transparencias. Es otra muestra de infantilismo, se crea o no.

La realidad no se puede tapar con palabras, por correctas que estas sean. Tampoco podemos defender que hacer las cosas de una manera o decirlas de determinada forma es lo bueno, porque estamos defendiendo que hay espacios MALOS e impidiendo el desarrollo, la madurez,. la crítica….Y no podemos dejar que los políticos establezcan los límites de los correcto e incorrecto, porque  aparte de que caeríamos en sus redes, no veríamos cómo los grupos de presión juegan con nosotros.