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5. mar., 2017

MÁS DIFÍCIL AÚN

En la entrada “Difícil lo tenemos” mencionábamos el hecho de que muchas de las imposiciones que nos vienen de los grupos de presión parece que pretenden mantenernos infantilizados. En otras entradas y refiriéndonos a otros colectivos lo hemos hecho también, pero el tema nos parece tan preocupante que quisiéramos volver sobre él.

Somos conscientes de que existe una corriente que defiende esa tendencia. Esa corriente es diversa, pues intervienen sociólogos, antropólogos, psicólogos y pedagogos, lo que, aparte de servirnos de justificación puede dar idea de la importancia que ese hecho está adquiriendo en esta sociedad. Diríamos que se ha invertido lo que hasta ahora era normal: ahora son los adultos los que intentan mantenerse o parecer jóvenes (recurriendo a actuaciones no muy sensatas), porque el joven es el centro de todo lo que se mueve.

El resultado es que nuestra sociedad se ha convertido en una sociedad inmadura, aunque exigente y analfabeta del contexto general en el que vive y de la cultura de la madurez, de la reflexión, porque lo que cuenta es la inmediatez, la satisfacción instantánea.

En esa caldo de cultivo cobra valor la cultura “exprés”, de frases cortas y simples, también las consignas, en contra de la elaboración. Manda lo impulsivo, el plazo corto; se odian los “deberes” (escolares y no escolares), las obligaciones…

El resultado que de eso se refleja en los medios es el predominio de programas de entretenimiento, de diversión… y que se hayan anulado los análisis rigurosas de los acontecimientos.

También se elimina de la difusión cualquier cosa que pueda alterar la tranquilidad de la sociedad, porque la infantilidad vive con MIEDO. Miedo que es aprovechado, en este caso, con la repetición de los mismo hasta el hartazgo, de tal modo que la sociedad acabe percibiendo que todo y todos están mal (son corruptos o asesinos, o maltratan a nuestras congéneres del sexo femenino, etc.)

Vamos, que tenemos las mejores bases para el POPULISMO, por esa falta de madurez y por la carencia de juicio o conocimiento para discernir la verdad de la mentira, también porque se ha predicado mucho de que la RESPONSABILIDAD no es nuestra.

Nuestra misión es la de ser felices y eso se predica y se practica desde la más tierna infancia.