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6. mar., 2017

GENERACIÓN DE CRISTAL

La sociedad, los padres y la normativa (legal o asumida) está generando un espacio de confort a nuestros jóvenes, esos de los que vemos hablando desde hace dos entradas.

Eso es así porque hemos dado a nuestros hijos unos niveles de  bienestar o bienvivir como nunca habíamos imaginado y, desde luego, como ninguno de nosotros imaginó tener.

Cualquier joven goza de más artilugios en casa de los que puede usar. Ha viajado más que sus padres. Tienen más poder sobre la escuela y los maestros o profesores que la administración. Su ámbito de libertad no tiene límites. Su poder para experimentar (fumar, beber, probar drogas, tener sexo…) no tiene líneas rojas.

Pero no tienen capacidad de tomar decisiones serias ni actitudes para enfrentarse a la vida y sus acontecimientos, sobre todo si son problemáticos, no saben convertir nada en positivo,  todo es emocional. Los padres pretenden vivir (y lo hacen) las experiencias que tendrían que ayudar a madurar a sus hijos, cuyo derecho primordial es SER FELICES. Los hijos.así, viven sin dificultades, protegidos, como si anidaran en una urna de cristal.

Eso ayuda a la infantilización de la sociedad (de la que hemos hablado ya en este blog) y a la facilidad de manipulación que se puede establecer sobre ellos, sobre los jóvenes (esos que nunca han vivido con un NO por respuesta a nada que se les haya ocurrido.

Hablar con estos jóvenes es difícil. No se  expresan con discursos lógicos y no fundamentan nada de lo que, al final, uno les puede arrancar.

Esto que se dice aquí está perfectamente descrito en la obra de Javier URRA (2010): Fortalece a tu hijo. Este autor, con experiencia más que reconocida, argumenta que el hecho de tener pocos hijos y de que la paternidad o maternidad sean tardías colaboran en la sobreprotección que hace que estas nuevas generaciones sean efectivamente de cristal.

Lo malo es que estos jóvenes creen estar de vuelta de todo, saber todo, … y se sienten con el derecho de criticar todo, claro, y no admiten nada que altere su equilibrio, el que sea que ellos crean conveniente en cada momento, porque no han experimentado la vida, eso lo han hecho los padres por ellos. Sobreponen su derecho a la libertad y al bienestar por encima de todo. 

Mal vamos.