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13. mar., 2017

LA POSTVERDAD

Puede ser que la “postverdad”, tan de moda y tan presente en todo, no sea más que decir lo que el otro quiere oír, tenga o no que ver con la realidad o la verdad o la conveniencia para los demás, incluso con el pensamiento de uno mismo.

Por eso no es extraño que ocurran las cosas que ocurren, por ejemplo en el día de la mujer trabajadora solo dos medios escritos tomaran ese evento como eje de sus noticias, o que, hablando de educación y de la diatriba sobre los deberes, un padre haya pedido excedencia para ayudar a su hijo con ellos. (ver)

Creemos que se habla mucho de la poca calidad de los servicios (seguridad, educación, sanidad, administración) y muy poco de la calidad de los usuarios, tal y como se plantea en el Confidencial Digital

Tendemos a la demagogia porque es más fácil llegar con ella a los ciudadanos y es así porque asumirla requiere menos esfuerzo individual, lo cual supone que las personas estamos, aunque no lo reconozcamos, más propensos al “caudillismo” que a la responsabilidad de la libertad y al análisis racional de la realidad.

Es cierto que el mundo este del ”postmodernismo” está más cerca de las profesiones liberales, lo cual se ve con claridad en las críticas que se hacen de la universidad o del sistema educativo en general, sobre todo cuando se propugna que no preparan para el mundo profesional actual. Pero, a la vez tanto el sistema educativo como el social están cada día más lejos de las humanidades, a través de las cuales las nuevas generaciones adquirirían el bagaje necesario para analizar, criticar, optar, participar y defenderse de todo lo que se les vende desde la política o de los “mass media”.

Ese “postmodernismo”, por otra parte, está inculcando la facilidad, la falta de exigencia, el dejar que las cosas discurran sin hacer nada al respecto, la contemplación como valores para enfrentarse al mundo. Solo así se justifica le hecho de ese padre que mencionábamos, que no sabe que el que tiene que aprender y educarse y esforzarse es el hijo, no él.

Hemos de diseñar unos valores que sirvan para construir el mundo personal y exigirlos o este edificio social se nos derrumba.