16. mar., 2017

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LA TOXICIDAD FAMILIAR

En nuestra entrada de hace unos días dábamos cuenta de que un padre había pedido excedencia en su trabajo para ayudar a su hijo a realizar sus deberes escolares. Puede que el profesor o el centro de su hijo fueran especialmente duros y exigentes o que el niño fuera superdotado y anduviera en unos niveles muy avanzados, pero también puede que el padre fuera un SUPERPROTECTOR. Nos inclinamos por esa última hipótesis, porque las dos primeras son de fácil solución y no requerirían que nadie abandonara sus quehaceres.

Antes de seguir hemos de enunciar que al hablar de padres queremos referirnos a padre y madres indistintamente, lo mismo que al hablar de hijos. Si lo hacemos así es por economía del lenguaje y porque el sexo no es determinante de lo que queremos enunciar y, sobre todo, porque la noticia venía referida a un “padre”.

Pues bien, ese padre, en esa hipótesis elegida, es un PADRE TÓXICO, en la medida en que evita el esfuerzo como valor en la formación de su hijo.

La paternidad tóxica se presenta de muchas maneras, no todas visibles a primera vista, al menos no por todos. Suele ser tóxica la relación que, sin razón y de modo sutil o no, hace que el hijo se sienta culpable y sin capacidad de respuesta. Es el comportamiento que responde a aquel viejo dicho de “quien bien te quiere te hará llorar” o sentir mal, pero, en este caso, de forma que no ha de ser consciente necesariamente. Lo es, por ejemplo, el que para valorarse a sí mismo, minusvalora al profesor o le critica, o critica el sistema educativo y la acción de los centros o la educación que el resto de los padres dan a sus hijos, o a los amigos de los hijos sin que haya un análisis razonable en ninguno de los casos.

En todos estos casos se trata de anular la capacidad de decisión del hijo y sustentar con fuerza el papel dominante del padre.

En general los padres y madres tóxicos suelen ser: absorbentes, hasta el punto de querer vivir las experiencias de los hijo; perfectos, al menos desde su consideración; competitivos e indiferentes, tanto por exceso (por excesivo control, por ejemplo) como por defecto (porque no tienen normas, por ejemplo también); manipuladores; distantes, …y son capaces de considerase víctimas del comportamiento de los hijos y no responsables, con el fin de aumentar el control afectivo sobre los hijos.