3. abr., 2017

Texto

VAYA CON LA PEÑA

Es cierto que en España vivimos teniendo a la judicatura (en todos sus niveles) como “motor” de la política, la convivencia, las normas, los valores y de todo lo que se menea. Y eso no es bueno, nada bueno para la salud democrática de un Estado. Del mismo modo es cierto que muchas de nuestras disposiciones legales digamos que dejan mucho que desear (debido a la influencia de grupos de presión, a coyunturas del momento, a ideologías del pasado, a modas o a lo que sea).

Decimos eso de entrada porque mucha de la tinta y de las palabras gastadas para hablar del caso de la tuitera CASSANDRA llevan razón, lo cual no quiere decir que ella la lleve. Debe respetarse el derecho a la libre expresión.

Pero claro, eso, que suena tan bien así, en general y a palo seco, deja de sonar tan bién cuando se mezclan en ese derecho actitudes que la sociedad quiere desterrar, como la homofobia, el racismo, la islamofobia, etc., en fin, todo aquello que pueda herir a minorías sin capacidad de defenderse.

Intoxicar es un viejo truco que sirve para desprestigiar y las entradas en Twitter de esa joven son intoxicadoras. Esa intoxicación es aún más grave en el mundo actual, por el uso intensivo de las nuevas tecnologías (redes sociales). 

Su acción denota falta de escrúpulos (lo cual no es para llevar a nadie a juicio, es cierto), pero ¿cuál puede ser la razón de una persona para desprestigiar a otra cuya muerte acaeció muchos años antes de que hubiera nacido?. Yo diría que Cassandra presenta una conducta sin escrúpulos y sin moralidad alguna.

La pregunta ahora es ¿Debe dejarse impune una conducta que en principio es solo una libre opinión aunque no respete las normas (valores) sociales?.  

Yo creo que sí, que no hay motivo de judicialización, pero sí de reprimenda (puede valer el prohibir que se dirija a los medios de comunicación).

Pero, a la vez que corrían bidones de tinta por ese caso, había muchos más bidones de tinta para hablar de un autobús del Grupo HazteOir, que no sólo se ha denunciado  (volvemos a lo mismo: a que la judicatura marque el comportamiento de la sociedad) sino que sobre él ha habido reacciones violentas.

Pensamos que los populismos, las intolerancias, las intransigencias… son signos de una sociedad con problemas serios de identidad, que son aprovechados para mantener a una sociedad descerebrada.

Es preciso dotar de valores a esta sociedad nuestra, que anda más perdida que "un pulpo en un garaje de motos".