7. abr., 2017

Texto

NOTORIEDAD

He visto, oído y leído la intervención del Sr. Rufián en la Comisión que “investiga” (es un decir) ciertos actos ocurridos en el Ministerio del Interior mientras era Ministro el Sr- Fernández Díaz y cómo se dirigía y trataba al Sr. Daniel de Alfonso, ex-director de la Oficina Antifraude catalana.

En los tres casos (ver, oír y leer) he supuesto que, como siempre, es una sobre-actuación del tal Rufián, que de alguna manera ha de hacerse notar, por más que el jueves (día 6 de abril) dijera a los periodistas que se hablaba de él para no hacerlo de los investigados.

Digo esto porque siempre habla así, enfadado, airado, con rabia, insultando directa o indirectamente. No se entiende cómo se puede acumular tanto odio y veneno a su edad. En eso es un alumno aplicado. ¿No será que, por militar donde milita, quiere hacer méritos para paliar o tapar otras carencias? ¿o será que, a falta de otras razones, sea ese el modo de acaparar la noticia y la cuota periodística?

Es cierto que una Sra., presente en la sala, le llamó “gilipollas”, lo cual dice muy poco de ella, pero también que eso ni se ha podido ver, ni oír ni leer desde fuera de esa sala, vamos, que es menos grave. Pero eso no es suficiente para que la respuesta sea expresar exabruptos como: “gánster, conspirador, mamporrero, lacayo…” del modo en que lo hizo. Primero por el lugar, el Parlamento, que debe ser un lugar más serio por cuanto dentro de él se representa a todo un pueblo; segundo, por educación y mérito.

Al Sr. Presidente de la Comisión habría que imponerle un castigo ejemplar por permitir ese lenguaje sin intervenir y el Sr. Rufián debería pasar por un proceso largo de re-educación y nos gustaría decir por qué:

  • No existe el derecho a INSULTAR, ni tampoco el derecho a AMENAZAR, nadie tiene derecho a difundir ODIO
  • La LIBERTAD DE EXPRESIÓN no ampara los crímenes como la DIFAMACIÓN, difundir noticias FALSAS a sabiendas, ni revelar datos de carácter personal.
  • Ningún derecho concede derecho para violar el resto de derechos.

Mientras, tendremos que seguir pensando que, por error o desidia, los ciudadanos hemos puesto a personas que no se lo merecen en lugares equivocados, porque esos señores son INDIGNOS.