15. abr., 2017

Texto

ENFADADOS

Si hemos de analizar y concluir algo sobre el contenidos de las “redes sociales” habríamos de decir que los individuos que interactúan en ellas se muestran enfadados, en el mejor de los casos, cuando no cabreados, intransigentes, con odio… Gente dispuesta, sobre todo, a mostrar un cabreo descomunal, al ataque insultante a los demás, sin saber que esa postura les descalifica social y personalmente.

No es extraño que haya ya varias muestras de “odio” puro y duro, que nos dificultan la visión de la realidad, incluso de las normas que han de regir la convivencia social.

Lo hemos visto incluso con la muerte de Carme Chacón. Ya sé que es este territorio “enterramos muy bien”, pero no tanto, porque hasta ese hecho se ha convertido también en un nido de “vómitos” de todo eso que decíamos. También se ha visto en el “caso de Cassandra”. De ambas personas nos hemos hecho eco en este blog.

Pero insistimos en ello por una razón: no queremos límites a la libertad de expresión (lo hemos reiterado) pero sí creemos en los límites que exige la convivencia y la exposición pública de nuestras opiniones.

Una cosa es defender una postura, que es lógico si la “logica” rige los argumentos de esa defensa,  pero otra es atacar sin ton ni son, solo por descalificar.

El respeto debería ser algo más que una palabra. Y eso no significa doblegarnos ante una idea o postura, sino defender la nuestra con racionalidad, sin esa crispación que vemos continuamente y sn descalificaciones personales que solo reflejan el poco valor que tiene nuestra postura personal.

Hubo, creo que en la época de Felipe II, un embajador inglés, que nos definió como unas personas bajitas, vestidas de negro y con cara de mala leche. Creo que las redes le dan la razón ahora (al menos en lo de "mala leche" o mal genio).

Pero es que, además, muchos de los que muestran las peores formas lo hacen desde seudónimos, desde el anonimato…, desde la cobardía y la incontinencia mental, sin corazón  ni razón.

Hemos de reconducir nuestras fuerzas y volver al mundo de los valores sociales para no autodestruirnos.