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18. abr., 2017

LA LIBERTAD SE MUERE

Quizá es un poco exagerado el título, pero es una forma de llamar la atención sobre el derecho más fundamental, después del derecho a la vida misma, que tenemos los seres humanos y que estamos PERDIENDO, aunque no se muera, pero le tenemos muy enfermito.

Por un lado estamos cambiando libertad por tranquilidad. El miedo a perder el status, la forma de vivir o lo que sea (que de todo hay) está permitiendo que algunos agentes sociales controlen hasta nuestras manifestaciones o conductas más íntimas (vía vídeos de vigilancia, vía acumulación de datos en ficheros que sólo unos pocos manejan -y no hablo solamente de la policía- y utilizan, vía internet y vía manejo torticero de la información -recuerden el caso de la elección de Trump, por ejemplo-)

Con ellos perdemos la perspectiva de lo mío (o nuestro) y lo tuyo (o de los demás), lo que provoca que se intente cohartar la vida u opinión de “los otros” o del “otro” y se nos intenta hacer olvidar (o cambiar) el sentido de LA LIBERTAD, del sentido de COMUNIDAD y, como consecuencia de lo que es un ESTADO DE DERECHO, cuya esencia tendría que estar, precisamente, en salvaguardar la libertad.

Y todo se degrada: la convivencia, los valores, la moral, las relaciones, la justicia, el sentido de las leyes, la historia…, porque todo se hace depender del poder, de quienes lo administran en cada momento.

Existe una arbitrariedad insufrible en la producción de normas, no hay barreras para eso, de tal modo que tampoco hay respeto en ellas o preocupación por la ciudadanía. Todo se quiere regular, por absurdo que parezca, incluso contra toda racionalidad.

Los ejemplos los tenemos a cientos, pero los dejamos así, para que cada uno proponga los suyos.