27. abr., 2017

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EL SISTEMA POLÍTICO

El s. XXI nos está haciendo vivir en una situación que nos va llevando al descrédito de la política, de los políticos y de los partidos. En parte podemos achacar eso a la crisis económica, provocada por energúmenos egoístas y por tácticas falsas, pero que  nos ha estallado en la cara con dureza. Esa crisis nos ha hecho salir a la calle y protestar y también asistir al nacimiento de movimientos cuya base está en el descontento y en ese rechazo a los gobiernos y a la política en general.

La situación actual es paranoica, hasta el punto de que en España, por ejemplo, y según el euro-barómetro de 2013, el 91% de la población no confiaba en el gobierno. La prensa se encarga de airear esa situación con letras de tamaño no usado más que en los grandes acontecimientos, como si el simple hecho de demonizar a la clase política fuera a solucionar algo. Eso, esa visión de los medios, solo provoca movimientos populistas y demagógicos (véase los casos de EL Reino Unido, Bélgica, Holanda, Polonia, Austria, Francia, España…, por hablar de Europa solamente).

No se puede deslegitimar un sistema por los problemas. Eso no determina que no haya que criticar, pero sin generalizaciones perniciosas. Lo que hay que hacer, además, es proponer soluciones a cada problema denunciado. Y no se puede hacer de cada problema algo así como un “reality” televisivo y estirar la crítica hasta el infinito. Del mismo modo no se puede demonizar a un colectivo porque en su seno haya individuos indeseables e insolidarios. Los hay en todos los colectivos.

Está claro que la administración (sea del signo que sea -y seguimos fijándonos en Europa-) no puede funcionar bien por las restricciones económicas y personales o por la crítica social, que genera una presión sobre ella que la ata y aún la encierra más en su resistencia a los cambios.

Y no podemos extender esa crítica a todos los estamentos representativos: gobierno, parlamento, legislación, partidos y judicatura, porque eso nos lleva a las autocracias salvadoras.

Entendemos que hay muchas variables en la situación que vivimos, por lo que no hay UNA SOLA CAUSA en esa situación y una sola SOLUCIÓN para ella. No vale el decir que NECESITAMOS MÁS GOBIERNO o MENOS GOBIERNO a la vez, por más que sea cierto que es preciso cambiar las formas de proceder si queremos que los resultados sean los esperados.

De paso hay que pensar que nuestros problemas sociales actuales son complejos y que no pueden solucionarse con procesos únicos, que hay que generar valor público y que no habrá gobierno que, por sí solo, pueda solucionar la situación que tenemos.