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30. abr., 2017

LA CREDIBILIDAD

He leído con mucho interés un escrito remitido al periódico El País y publicado el día 28 de abril bajo el título: Credibilidad y escalofríos, cuyo redactado puede leerse aquí y del que es autor el Jefe de la Fiscalía Anticorrupción.

Ese interés viene por algunas de las cuestiones que deja anotadas. Una es la pérdida de la credibilidad que están provocando los que filtran noticias y los medios que se hacen eco de ellas. Otra es la deslegitimación que supone eso ante los ciudadanos. También por dos preguntas muy serias: ¿Quién saca beneficio de todo esto? y ¿Cómo solucionamos o recuperamos ante los ciudadanos, ante la justicia y ante nosotros mismos el respeto que nos merecemos?.

Aprovechar los huecos que proporcionan los intereses personales de quienes filtran datos de la fiscalía es una práctica habitual de los medios de comunicación, pero falta de escrúpulos cuando menos. Si, a su vez, se aprovecha como mazo para golpear a tal o cual fiscal par salvaguardar los intereses de una persona o grupos, no solo indica falta de escrúpulos, sino mala fe, falta de moral y ética, al mismo tiempo que debería ser un delito en sí misma, por el hecho en sí y por el estado de opinión que se provoca.

Lo fastidiado es que eso se ha convertido en práctica común de algunos partidos políticos (o de todos) de algunos grupos de presión, que llevan sus exigencias al absurdo y de casi todos los tertulianos de esos programas que nos aporrean cada día a través de la televisión y que no sólo no arreglan nada i aclaran nada, sino que lían y nos hacen más incrédulos día a día.

La convivencia y sus normas debe estar en manos de los tres poderes clásicos (desde Montesquieu): EL legislativo, el ejecutivo y el judicial y cada uno de ellos debe funcionar con solo los márgenes que establecen las leyes y sin juegos malabares.

Juegos malabares son, por ejemplo, la “moción de censura” presentada por Podemos; la denuncia de una política que pretende que los hombres no puedan abrir las piernas cuando se sientan porque eso es machismo, el cuestionar todo -bueno, regular o malo- sin más razonamiento que el “me da la gana” y para eso “tengo el derecho de expresión”.

También hay deberes y cada derecho viene o se sustenta en uno y de esos no habla nadie. Hemos de volver a los VALORES y al cumplimiento de los DEBERES, solo eso nos hará dar LA CREDIBILIDAD debida a nosotros mismos y a nuestras instituciones.